Más bien mi mente ha estado en otras cosas y quizás empiezo a ver un pequeño punto de luz, a una distancia enormísima, que un día no muy lejano atravesaré. Es decir, por fín estoy hechando toda la carne en el asador y estoy escribiendo la tesis. Sin embargo, por causas ajenas a mi voluntad, hoy descanso; así que la parte proporcional de mi sueldo de becario del día de hoy la voy a emplear en escribir el blog. ¡Como me gusta que me paguen por esto!
Hoy le voy a dedicar la entrada a mi equipo de investigación, a las personas que están haciendo posible que el trabajo de campo de la tesis esté saliendo adelante.
Hace dos semanas estuve en Canarias poniendo en marcha las tres últimas farmacias que iban a participar en el proyecto. Allí estaban Rosana, Esthercita y Ana dispuestas a recibir el atropello de información que supone todo esto. La verdad es que en algunos de los momentos en que estaba allí con ellas, observaba ese deglutir más intenso y esos ojos un poco más salidillos de las cuencas de lo habitual, que sólo pueden significar una cosa: ¡Dios, en dónde me estoy metiendo! No obstante, sólo lo piensan, nunca dicen nada; incluso cuando se lo preguntas, te responden: no, no, no, sigue, sigue, que va todo muy bien. Bueno, si ellas lo dicen. Esta misma reacción ha sido experimentada por cualquiera de los 8 farmacéuticos que ya han finalizado el trabajo: Antonio, María, Elena, Luisa, Nayra, Nina y mi madre.
Para el que esté pensando que "qué hace la madre metida en medio de todo este fregado" le diré que cuando empecé con esta, mi segunda tesis, estaba tan necesitado de una persona que no me fuera a fallar por mucho que estuviera lloviendo ese día, por mucho tráfico que hubiera para ir al trabajo, por muy lejos que tueviera que desplazarse, por mucho tiempo que tuviera que invertir y por muchos muchos más (entónesen estas últimas palabras como el final de "feliz en tu día"), que indudablemente pensé: "Madre no hay más que una". Yo, además, tengo la suerte de que mi madre no iba a tener problemas con el dueño de la farmacia para hacer "actividades extras", ¡porque era mi padre!¡Bingo! Ahora sólo tenía que explicarles que los 3 años y medio anteriores, que había estado haciendo la "otra tesis", los había tirado al garete, o dicho de otra forma, por la taza del inodoro. Y lo digo así, porque aunque está claro lo valioso que pueden llegar a ser 3 años y medio de piedras en el camino (esto lo puedo decir ahora, claro), lo que iban a entender ellos en un primer instante era lo de la taza del vater; sobretodo mi padre, que aún lo piensa (lo escribo y me meo de la risa). No obstante, como ya dije, padres no hay más que unos y al final me ayudaron a tirar por la cisterna. Están para todo.
A lo que iba es que tengo la enorme fortuna de estar trabajando con una gente que como yo digo son activistas radicales de su profesión. Se trata de un grupo de gente inquieta, amantes del servicio que cada día prestan a sus pacientes, que siempre están metidos en algún fregadillo: que si haciendo trabajos de fitoterapia, que si haciendo un estudio de anticonceptivos orales, que si asistiendo a todos los cursos de formación continuada habidos o por haber, que si llendo fielmente a cualquier reunión que hay en el colegio de farmacéuticos...en definitiva, activistas radicales de la farmacia: ¡cómo iban a dejar la oportunidad de participar en un proyecto más! Pero bajo mi experencia he de decir algo más: a la hora de enfrentarse a un estudio de investigación, están siendo muy, pero que muy finos. Me refiero a que están haciendo un trabajo bien hecho, siguiendo al dedillo todas las pautas establecidas y realizando una recogida de información envidiable. Además, se han enfretado al manejo de dispositivos y programas que anteriormente no habían empleado; todo ello, con el valor añadido de tener que desviarse de sus "quehaceres" cotianos en la farmacia.
A decir verdad, se trata de un grupo de trabajo variopinto, unos más jovenes, otros más mayores, unas mujeres, otro hombre (qué ridículo suena, sólo un macho; pero menos mal que estas ahí, Antonio), unas de ciudad, otras de campo, etc. A razón de las farmacias de campo, como de cualquier cosa que se hace en la vida, de todo se aprende. Y yo, en este proyecto, he aprendido, entre otras muchas cosas, donde queda un hermoso pueblo de Gran Canaria llamado Tenteniguada, al que para llegar sólo hay que pasar 163,7 curvas. Hasta eso merece la pena. Quien no sepa donde queda, que lo busque en un mapa, y quien pueda, que vaya y lo visite y pase a saludar a la farmacéutica (abstenerse hipertensos por riesgo de entrar a participar en el estudio y tener que ir al entrañable pueblo de las 163,7 curvas hasta cinco veces más). Nota de interés: antes de llegar hay otro pueblo o barrio, según se mire, que se llama Las Vegas, en donde preparan buena carne a la brasa. Esto es información confidencial para el "viajero culinario inquieto", como yo. ¡Canario, conoce tu tierra!
Ahora, gracias a ellos, sólo quedan unos meses para que el trabajo de campo de la tesis finalice (ya llevamos desde Junio de 2008). ¡Vaya homenaje pienso pegarme en mi próximo viaje a las islas para celebrarlo!¡Todos de juerga! En realidad, pienso que se abrirá una nueva puerta para seguir haciendo más cosas. Ya lo comprobaremos cuando estén sentados todos en la misma mesa con unos vinitos más de la cuenta y la imaginación empiece a volar.
Deporte, salud y mutaciones de objetos.
Hace 3 días





